"Ayer alguien me preguntó por ti. Le dije que ya no estábamos juntos, que, bueno, que no iba bien y que decidimos dejarlo. Le dije que tú no eras quién yo pensaba y probablemente yo no era tampoco quién tú imaginaste cuando me besaste la primera vez y te apresuraste a decir que era la mujer más dulce del mundo. Pero lo cierto es que me sorprendió mucho su comentario: Te buscas unos ejemplares... que ni Félix Rodríguez de la Fuente. Bromas aparte, no es el primer comentario que me hacen de este tipo. No obstante, me apresuré a decir el típico "Qué quiere que haga!!" eludiendo una parte de la responsabilidad de esta ruptura. Supongo que era demasiado difícil comprenderme, y no, no te estoy vacilando. Es la verdad. Y más ahora. Pero al menos, al menos debiste fingir que me comprendías o al menos, debiste intentarlo. No te tomes esto como un reproche, POR FAVOR; tómatelo como un consejo. Sé que cuando una pareja se rompe, son los dos quienes tiene algo de culpa -salvo raras situaciones-. Ayer, tras ese comentario, me puse a pensar qué parte de culpa es la mía. Supongo que, al principio, me negaba a tomarme esta relación en serio echándole la culpa al tan recurrido tiempo.. aún es pronto, sólo llevamos... Pero no son más que excusas. Me daba miedo pensar que las cosas pueden cambiar. Y ambos sabemos a qué me refiero. Pero hubo un momento, hubo un segundo en el que te vi mirarme como nadie lo había hecho en mucho tiempo, y supe que merecía la pena quitarme esta coraza y abrirte un poco la puerta de mi corazón roto. Es cierto, tengo el corazón roto y el alma vacía. Me ahonda una tristeza tan dura como dolorosa. Y sé que es difícil de entender porque paso la mitad del tiempo sonriendo y la otra buscando cómo disimular la tristeza aunque no tenga ganas de sonreír. Pero ha habido y hay días en los que no quiero buscar una excusa, sólo quiero llorar. Y sólo quiero, o quería, que fueses tú quién recogiese esas lágrimas y las lanzase al viento para que no volviesen nunca más. Tal vez te pedí demasiado, o tal vez no te lo pedí. Supuse que sabrías cuándo besarme o cuándo abrazarme. Hasta aquí, es cierto, tengo la culpa de querer que fueses mi amigo antes de mi... supongo que he de escribir novio. Tengo la culpa de querer estar contigo en esas noches en las que sólo podía llorar. Sin porqués, sin razones, sin preguntas... Y sé que esto es muy difícil de explicar. Es cierto, tengo yo esa culpa. Pero ahora, ahora ambos sabemos que la culpa de que ya ni siquiera quiera o pueda mirarte a los ojos es tuya. Ésta no es la forma y lo sabes. Si te hice daño, lo siento. Lo siento muchísimo porque no te lo mereces. Pero por favor, no me hagas más daño aún del que un día me hizo tu silencio cuando te pedí a gritos un te quiero que nunca llegó. Era la primera que desde el día que te conocí te pedía algo así, y tu silencio, y sobre todo, tu absoluto "pasotismo" me hizo un daño que, a día de hoy, es casi tan irreparable como mi fracutra de escafoides. Espero que al menos, te sirva para la próxima relación. Un beso... al menos, eso sí".
Porque cada etapa tiene un principio y un fin, porque los ciclos terminan sin que exista un porqué.
12 December, 2005
06 December, 2005
Anoche me encontré con una vieja amiga. Y no le digo vieja a ella, sino a la amistad (lo aclaro porque sé que es lectora asidua de este blog). Me estuvo contando que había empezado de nuevo, en lo que a "amores" se refiere. Él tenía muchas de las cosas que ella siempre le había pedido a un hombre... algo así me contaba...
"Ro, estoy echa un verdadero lío. Lo cierto es que él tiene un sinfín de cosas buenas, o al menos, las tenía".
En ese momento, me quedé perpleja cuando la vi llorar. Ella siempre había sido más fuerte que yo, en todo y para todo. Cuando la vi llorar, supe que en el fondo, pasaba algo más.
"No sé por qué está así, y lo peor es que, al no saberlo, no sé cómo reaccionar cuando estoy con él. Paso buenas horas a su lado, me hace reír y me divierto. Pero ya no es como al principio. Cuando le conocí, supe que aquello iba a ir más lejos de una simple amistad. Él me miraba y me hacía temblar. Cuando se acercaba a mí para susurrarme algo, me envolvía ese ambiente raro y extraño que sólo había conseguido crear... en fin, ya sabes, él. Todo era distinto y nuevo. Todo. Sus besos, sus abrazos, su sonrisa, mi vergüenza, todo. Ro, todo era diferente y genial. Por primera vez en mucho tiempo, me encontraba feliz. Me acostaba pensando en que al día siguiente me sorprendería con algo distinto. Un beso nuevo, un regalo escondido entre la ropa, cualquier cosa era buena para hacerme sonreír. Y siempre lo conseguía, con todo y con nada. Sabía exactamente cuándo estaba triste, cuando necesitaba un abrazo, cuándo sus besos debían ser tiernos y cuándo debían ser apasionados. A veces me entristece pensar que ha habido días que he tenido todo lo que siempre he soñado y lo he perdido sin saber por qué. Sin saber qué he hecho mal. Y me duele en el alma. Me duele no saber por qué se ha ido, por qué está a mi lado pero le siento ausente. Y sólo puedo llorar y llorar, y no puedo concentrarme en nada. No puedo ni quiero. Ahora, cuando llego a casa, me dedico a analizar todo lo que ha pasado entre nosotros. Intento buscar algo que me diga por qué ha cambiado tanto su actitud hacia mí. Primero pensé que fue el tiempo, después, la rutina. Tal vez, un mal día... pero los días se han convertido en semanas y las semanas en meses... y se acerca el primer año juntos y no encuentro ninguna razón por la que debería seguir junto a él. Sólo una, le quiero. Pero sinceramente, no sé si merece la pena luchar. Cuando pienso las cosas en frío, sé que no puedes obligar a alguien a que te quiera. Lo sé, pero es cierto que él hubo días en los que me quiso muchísimo. Veía en sus ojos un brillo especial cuando me besaba, e incluso, en mucho tiempo, los veía en los míos. Pero todo cambia. Y tú sabes que yo no puedo cerrar los ojos, mirar para otro lado y hacer como si no hubiese sucedido nada. No puedo. Tal vez por pura cabezonería, tal vez, porque me haga más daño pensar que no hay nada que recordar que un día sí lo hubo. Pero en fin. No puedo hacer nada. La situación ha degenerado de tal forma que ya no hay nada por lo que seguir estando a su lado. Antes te dije que era porque le quería. Ahora, porque como siempre, tengo mucho miedo a quedarme sola cuando le diga que no quiero seguir viéndole. Que no quiero que siga besándome, que no quiero que me abrace cuando no tengo ganas de salir de la cama. Que no quiero que me acaricie la cara y me regale un beso, uno de esos que un día definí "de niña chica". Pese a que me muero de ganas de que haga todas esas cosas. No sé cómo voy a salir de esto, pero supongo que tendré sacar fuerzas de algún sitio recóndito del alma, o tal vez, unir todo lo que un día me dio y aferrarme a él desde ahora, hasta el día en que le vea y no sienta nada. Porque de momento, cuando pasa por mi lado, me sigue haciendo sentir especial, sólo, con mirarme".
Y yo le dije: Supongo que será difícil, pero piensa que tú al menos, tuviste lo que siempre soñaste, y es eso con lo que tienes que quedarte para siempre. Por todo lo demás, seguro que saldrás adelante. Tarde o temprano. Y deja de llorar.
"Ro, estoy echa un verdadero lío. Lo cierto es que él tiene un sinfín de cosas buenas, o al menos, las tenía".
En ese momento, me quedé perpleja cuando la vi llorar. Ella siempre había sido más fuerte que yo, en todo y para todo. Cuando la vi llorar, supe que en el fondo, pasaba algo más.
"No sé por qué está así, y lo peor es que, al no saberlo, no sé cómo reaccionar cuando estoy con él. Paso buenas horas a su lado, me hace reír y me divierto. Pero ya no es como al principio. Cuando le conocí, supe que aquello iba a ir más lejos de una simple amistad. Él me miraba y me hacía temblar. Cuando se acercaba a mí para susurrarme algo, me envolvía ese ambiente raro y extraño que sólo había conseguido crear... en fin, ya sabes, él. Todo era distinto y nuevo. Todo. Sus besos, sus abrazos, su sonrisa, mi vergüenza, todo. Ro, todo era diferente y genial. Por primera vez en mucho tiempo, me encontraba feliz. Me acostaba pensando en que al día siguiente me sorprendería con algo distinto. Un beso nuevo, un regalo escondido entre la ropa, cualquier cosa era buena para hacerme sonreír. Y siempre lo conseguía, con todo y con nada. Sabía exactamente cuándo estaba triste, cuando necesitaba un abrazo, cuándo sus besos debían ser tiernos y cuándo debían ser apasionados. A veces me entristece pensar que ha habido días que he tenido todo lo que siempre he soñado y lo he perdido sin saber por qué. Sin saber qué he hecho mal. Y me duele en el alma. Me duele no saber por qué se ha ido, por qué está a mi lado pero le siento ausente. Y sólo puedo llorar y llorar, y no puedo concentrarme en nada. No puedo ni quiero. Ahora, cuando llego a casa, me dedico a analizar todo lo que ha pasado entre nosotros. Intento buscar algo que me diga por qué ha cambiado tanto su actitud hacia mí. Primero pensé que fue el tiempo, después, la rutina. Tal vez, un mal día... pero los días se han convertido en semanas y las semanas en meses... y se acerca el primer año juntos y no encuentro ninguna razón por la que debería seguir junto a él. Sólo una, le quiero. Pero sinceramente, no sé si merece la pena luchar. Cuando pienso las cosas en frío, sé que no puedes obligar a alguien a que te quiera. Lo sé, pero es cierto que él hubo días en los que me quiso muchísimo. Veía en sus ojos un brillo especial cuando me besaba, e incluso, en mucho tiempo, los veía en los míos. Pero todo cambia. Y tú sabes que yo no puedo cerrar los ojos, mirar para otro lado y hacer como si no hubiese sucedido nada. No puedo. Tal vez por pura cabezonería, tal vez, porque me haga más daño pensar que no hay nada que recordar que un día sí lo hubo. Pero en fin. No puedo hacer nada. La situación ha degenerado de tal forma que ya no hay nada por lo que seguir estando a su lado. Antes te dije que era porque le quería. Ahora, porque como siempre, tengo mucho miedo a quedarme sola cuando le diga que no quiero seguir viéndole. Que no quiero que siga besándome, que no quiero que me abrace cuando no tengo ganas de salir de la cama. Que no quiero que me acaricie la cara y me regale un beso, uno de esos que un día definí "de niña chica". Pese a que me muero de ganas de que haga todas esas cosas. No sé cómo voy a salir de esto, pero supongo que tendré sacar fuerzas de algún sitio recóndito del alma, o tal vez, unir todo lo que un día me dio y aferrarme a él desde ahora, hasta el día en que le vea y no sienta nada. Porque de momento, cuando pasa por mi lado, me sigue haciendo sentir especial, sólo, con mirarme".
Y yo le dije: Supongo que será difícil, pero piensa que tú al menos, tuviste lo que siempre soñaste, y es eso con lo que tienes que quedarte para siempre. Por todo lo demás, seguro que saldrás adelante. Tarde o temprano. Y deja de llorar.
03 December, 2005
ANTES...
"No sé porqué ese miedo. De veras que no lo entiendo. Quisiera sentarme un día a tu lado, en el parque o en la orilla del mar. Sentarme, cerrar los ojos y escuchar qué te da miedo de mí y de mi forma de "quererte". Y lo pongo entre comillas porque, como te dije un día, como en todo en la vida, en el amor también hay grados.
Yo te quiero, es así. Y probablemente sea una tontería seguir negándolo, pero no me atrevo a decírtelo porque sé que vas a seguir huyendo, por lo que he optado por quedarme callada, ignorar que ese sentimiento existe y pensar sólo en estar contigo. Porque contigo, muchas cosas son diferentes. Lo primero, tú y yo. Somos totalmente diferentes. A mí me encantan que me digan que me quieren, ya sea mi niño (MI SOBRINOOOOOOO!!!), mis amigos o tú. Odio esas frases de... Te tengo cariño, te tengo aprecio, me importas.... no. Llamemos a las cosas por su nombre. Me quieres, a tu forma, pero me quieres.. Lo que pasa es que hay días que no entiendo esa forma de quererme. Tengo la sensación de que te molesta todo lo que hago. Y me has dicho mil veces que no, pero la sensación está ahí y cada vez crece más y más. Y mientras más trato de evitarlo, más aumenta. En fin, no nos desviemos del tema.
Como te he dicho antes, quiero escucharte hablar. Saber por qué tienes tanto miedo a que te abrace, tanto miedo a que te robe un beso, a que te pida un abrazo. Por qué ese pánico cuando te pido una caricia robada, cuando sólo quiero robarle al maldito reloj diez minutos para estar contigo. Pero, insisto, no voy a preguntarte. No sé si por temor a la respuesta, o porque te niegues a decirme por qué.
Lo cierto es que hay días en los que, cuando estoy contigo, te noto a millones de kilómetros. Mis labios te piden a gritos un abrazo pero la voz se quiebra antes de romper el silencio y sólo sonrío. Ahora, ahora ya no hay nada que te haga mirarme como lo hacías antes. Nada. Y eso me está destrozando el alma".
21 November, 2005
El día después...
No sé muy bien cómo empezar a escribir, aunque quizá debería decir "a escribirte". Si ese yo interior que todos tenemos dentro pudieses sentarse a mi lado a tomar café en esta mañana tan fría, me diría el clásico y doloros: ya te lo advertí. Y es cierto, me lo advirtió y además me lo llevaba advirtiendo desde que decidí abandonarme al calor de tus besos esconidos. Al calor de unos abrazos que me llenaban la vida de alegría, efímera y casi fugaz, pero alegría. Alegría como hace mucho tiempo no me había regalado nadie.
En fin, supongo que cuando alguien te dice ya que lo advertí es porque tiene la certeza de que pasará. Al igual que mi yo interior. Pasaría y los dos los sabíamos, tanto yo y mi yo interior, tanto yo y tú.
Me hice una promesa a mí misma la primera vez que me besaste: pasase lo que pasase, nunca lloraría por ti. Y no es porque no quiera, porque ahora mismo la verdad es que estoy sacando las fuerzas para no hacerlo de un lugar del alma que ni siquiera sé donde está, es porque el día a día no me lo permite. Y yo a mí misma tampoco. Salvo que anoche las lágrimas me abordaron en aquel banco donde todas las noches me he setnado a recordarte. Todas desde aquella primera vez que me besaste.
Ahora soy yo quien se va a abandonar a la rutina. Iré a trabajar, veré un poco la tele, iré a trabajar de nuevo y volveré a casa. A la misma casa que un día te vio entrar con una sonrisa inolvidable en los labios. Y me tumbaré sobre una cama llena de lágrimas a recordarte, porque ahora, es lo único que me queda. Al menos, de momento.
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